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A los 28 años, Fernando Carrizo concretó su sueño de trabajar en contacto con la naturaleza y los animales, promover la historia y la cultura de su Tucumán natal y estrechar lazos con los habitantes de la localidad de San Pedro de Colalao donde tiene pensado pasar el resto de su vida. Se convirtió en guía de cabalgatas turísticas por los cerros, un emprendimiento que inició teniendo sólo dos caballos y un pequeño campo familiar.
Pampayoj: cabalgatas culturales por los cerros tucumanos
Fernando reúne además una serie de características que lo llevaron por buen camino: el amor por la tierra y por las costumbres ancestrales, las ganas de aprender constantemente y cierta aptitud de líder y docente.
“En San Pedro de Colalao tengo el pequeño campo de mi familia y yo siempre, por amor a la naturaleza y a la tierra, colaboraba con mi padre y ayudaba a sembrar, cultivar y cuidar los animales. Que es lo que me llevó a estudiar un año veterinaria. Tenía también la idea de formar una empresa de turismo aventura o turismo rural manejando los caballos de la familia, que usaba mi papá para salir con sus amigos a andar. Entonces empecé a estudiar turismo en la universidad y me di cuenta de que daba el negocio para armar algo”, relata.
El muchacho admite que en principio no lo movió una necesidad económica sino un hobbie. “A todos mis amigos los invité a andar a caballo antes de crear la empresa, para que conocieran los paisajes y comer asados”.
En 1999, se hizo en San Pedro un congreso nacional de arqueología y ahí es donde Fernando se dio cuenta -estaba cursando primer año de turismo- de que podía vender a esos estudiantes de arqueología que visitaban San Pedro porque es un lugar con muchos restos arqueológicos, una recorrida por el lugar a caballo, en vez de conocer caminando o en camioneta 4x4. Entonces, armó un folleto en su computadora que pegó en la sede del congreso de arqueología y que decía simplemente “Fenando Carrizo, guía de cabalgatas”.
Dos meses antes de ofrecer este servicio, Fernando se propuso equiparse. “Tenía que conseguir cuatro caballos más y todos los arneses, la pastura y alimentación, medicamentos que son caros. Se necesita de conocimiento y de plata para tener los caballos bien. Los chicos de la montaña me ayudaron. Yo vivía cuatro días en la ciudad y tres en San Pedro”, recuerda.
Habló con los lugareños de San Pedro, ya que “todos tienen caballo” y les propuso “formar parte de esta aventura y emprendimiento”. Fernando vio una oportunidad en la propuesta de las cabalgatas guiadas porque si bien la gente del lugar alquilaba caballos por una o dos horas, no había nadie que guiara a los excursionistas explicándoles las características del lugares, de su flora y fauna y de su historia.
Además, percibió que en San Pedro se abrían hosterías, restaurantes, teatros, cines, pero no había prestadores de servicios de turismo activo: “El pueblo necesitaba de mí y yo del pueblo”, resume.
“Alfredo, un lugareño, me ofreció dos caballos equipados con montura, pelero, freno, cincha, toda la montura completa. Y arrancamos, él me acompañaba, e íbamos en sociedad 50 y 50”, precisa Fernando.
Con el tiempo, su socio se mudó a otra localidad y Fernando volvió a la situación inicial, si bien ahora contaba con el apoyo y el incentivo familiar.
“Ahí le propuse a mi viejo formar una pequeña empresa. Compramos dos caballos, arneses. Hay muchos artesanos en cuero en San Pedro que elaboran riendas. Tuve una gran ventaja: mi familia es una de las fundadoras de ese pueblo, entonces todos me conocen y me apoyan. En el momento pedía prestadas monturas porque son muy caras -sale mil pesos la montura completa- y todo el mundo colaboraba un poquito porque veía que era una idea buena, que daba sus frutos”, asegura con orgullo. “Yo explicaba sobre la cultura y la historia del lugar. Teníamos un contacto muy lindo con la gente que vive ahí”, agrega.
Un nombre propio
“Al estudiar turismo, me di cuenta de un montón de cosas que podía implementar en ese pequeño proyecto. En el 2001, busqué un nombre para esta empresa, fui a las bibliotecas, y le pregunté a la gente. Yo apuntaba al quichua porque me interesa mucho. Así fusionando dos palabras quichuas y con un estudio que hice salió el nombre “Pampayoj”. Pampa quiere decir llanura y el sufijo yoj, es protección. Esa palabras fusionadas significan un duende, una divinidad protectora de la naturaleza, amándola y protegiéndola como fuente de vida”, se apasiona Fernando al relatar.
Después había que buscar un logo: “Pensé en la vicuña que es la reina de la altura. El dibujo que reproduje está tallado en una de las piedras en bajorrelieve en San Pedro, más específicamente en Las Tacadas”. Con esos elementos definidos, el joven empresario hizo un primer folleto de papel madera que hablaba sobre San Pedro y sobre los circuitos que se podían comercializar, que no eran peligrosos, que tenían su atractivo.
En el último año, Fernando se dedicó a estudiar inglés para poder tratar directamente con los turistas extranjeros para lo cual, en principio, contrataba a un traductor.
“Actualmente me siento capacitado para guiar en inglés. Me costó porque a mí me gusta el quichua y la cultura ancestral de acá y estaba un poco cegado en ese aspecto. Pero me doy cuenta de que tenemos que capacitarnos de la mejor manera para atender a los turistas nosotros directamente”, considera.
Además, Fernando capacitó como guías a cinco lugareños que se acercaron a colaborar con él, de los cuales, actualmente dos siguen siendo sus empleados, pero asegura que le gusta estar al frente de las excursiones siempre que puede.
Incluso, en una época llevaba como guía a un músico que tocaba música autóctona en el yembé. “Visitábamos los lugares arqueológicos, con luna llena, asado y Atahualpa Yupanqui `a full`”, recuerda.
“Hoy, después de cinco duros años, tengo 10 caballos, un sulky con caballo de tiro para que ande la familia y tengo dos ponys para los más chicos. Puede salir una familia completa a andar a caballo. Hay una temporada alta que es enero, febrero y julio y un poco de agosto. Pero trabajo todo el año porque lo estoy comercializando con agencias de viajes de Tucumán. Tengo salidas programadas en fines de semana largos. Una vez al mes por lo menos, estoy saliendo de excursión”, indica.
Una apuesta
“Yo tengo otro trabajo de medio día en la universidad, pero quiero vivir ahí el día de mañana, quiero que mis hijos vivan ahí. Me gustaría vivir de esto, uno en la vida tiene que definir, es una apuesta”, remarca el muchacho.
Fernando tiene un objetivo de corto plazo; construir en el terreno que le cedió su padre cinco bungalows de adobe y techo de paja para que los turistas que inician una cabalgata puedan pasar la noche allí, extender su estadía. “Me parece que pasar la noche es más cálido, más íntimo. Y permite un día más de excursión, se puede tratar de llegar hasta los 2.500 metros de altura, que en un día no se puede, ver otro tipo de animales”, explica.
“Este año estoy trabajando en eso, ya que la base de los caballos la tengo. El primer bungalow lo hice a lo largo de un año muy a pulmón, haciendo el adobe con la gente del lugar. Consiguiendo la paja, trayéndola en mulas cargueras, para techar. Igual con el cuero, todo se ata con cuero. Pienso pedir un crédito para poder ampliar esta rama de los albergues con comida y emplear más gente para ofrecer cada vez mejor servicio”, se entusiasma Fernando.
El joven está cursando, como oyente, una materia en la facultad de Arquitectura. Allí aprende cómo construir con barro y caña de bambú “para saber como construir los bungalows y enseñarle a la gente de San Pedro cómo se hace ese tipo de construcciones. Ellos saben, pero no lo implementan de manera correcta”, aclara.
“Mantengo la empresa viva y estoy reinvirtiendo todo lo que entra en animales o en infraestructura”, concluye.
Constancia y entusiasmo
Fernando cree que quien siente ganas de iniciar un proyecto debe encararlo: “Que no se desanime, porque es algo que lo va a satisfacer personalmente y va a hacer un bien a él mismo y a la gente del lugar”.
Dice que él nunca dio marcha atrás si bien estuvo meses “sin hacer una excursión cobrada, pero seguía invitando amigos, seguía en contacto con los animales. la constancia es una clave. Si te gusta lo que hacés, vas a soportar los altibajos”, considera.
Y recomienda: “Es elemental que primero se prueben los servicios con gente amiga, para que veas cuáles son las necesidades o dificultades de cada tramo o circuito”.
“Yo empecé con circuitos de dos horas y ahora tengo de 3 días. Ahora tengo folletos de papel ilustración, con auspiciantes, para repartir por la región. Tengo una diseñadora gráfica, un asesor en marketing y vendedores que van a hoteles, a los aeropuertos, a las terminales. Se necesita de gente alrededor, uno no puede hacer todo, pero arma su equipo”, puntualiza.
Por otra parte, Fernando es presidente de la Asociación Tucumana de Turismo Activo, creada recientemente y que reúne a 14 empresas que brindan servicios de treking, de cabalgatas y de turismo aventura de todo Tucumán. “Estamos trabajando en equipo para la promoción y difusión de Tucumán, de sus bellezas naturales y de lo que hay para hacer. Tenemos apoyo del ente de Turismo de Tucumán”, aclara el muchacho que sabe, por experiencia propia, que la unión hace a la fuerza. |